Autoría: fapmi-ECPAT España

Año: 2025

En los últimos años, el término ‘violencia vicaria’ ha adquirido una notable relevancia en el ámbito jurídico, psicológico y mediático. El concepto, acuñado por Sonia Vaccaro, alude a la violencia que el agresor ejerce sobre hijas e hijos con el propósito de dañar a la mujer, utilizando a las personas menores de edad como “instrumento” para infligir el máximo sufrimiento.

Sin embargo, centrar el análisis únicamente en la violencia vicaria, entendida como daño instrumental a la madre, puede ocultar una realidad más amplia y compleja: las múltiples formas de violencia que niñas, niños y adolescentes sufren en los contextos de violencia de género. No se trata solo de los casos más extremos —como los asesinatos de personas menores de edad—, sino también de la exposición continuada a agresiones contra la madre, del
maltrato físico, psicológico o sexual directo hacia la infancia, del uso de las hijas e hijos como herramienta de control y de chantaje o de la violencia de género que se ejerce en las propias relaciones afectivas y sexuales de las y los adolescentes. 

Por ello resulta más adecuado hablar de violencia hacia la infancia y la adolescencia en los contextos de violencia de género. Esta nomenclatura permite reconocer expresamente a niñas, niños y adolescentes como víctimas con entidad propia, titulares de derechos y necesitados de protección específica, y no solo como ‘vehículo’ a través del cual se agrede a las mujeres. Esta perspectiva está en línea con las recomendaciones del Defensor del Pueblo, que
subraya que la violencia vicaria “no debe disociarse de la violencia contra la mujer, aunque, como violencia ejercida sobre la infancia, requiere la persecución directa de los delitos cometidos contra las personas menores de edad”. 

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