Una investigación de la UPV analiza conversaciones reales entre personas agresoras y niños e identifica los patrones lingüísticos utilizados para obtener material de abuso y explotación infantil.
Cinco turnos de conversación pueden ser suficientes para que un ciberagresor solicite a un menor imágenes o vídeos de carácter sexual. Más de la mitad de estas primeras peticiones se producen en los primeros minutos de contacto, según un estudio de la Universitat Politècnica de València (UPV) que ha analizado conversaciones reales para identificar los patrones de comportamiento utilizados por los agresores.
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