La violencia contra niños, niñas y adolescentes en España no es un fenómeno marginal ni residual, sino un problema ampliamente extendido que afecta de forma significativa al desarrollo psicológico, emocional y social de una parte muy relevante de la población infanto-juvenil. Los datos disponibles muestran que una proporción alarmante de menores ha sufrido una o varias formas de victimización a lo largo de su vida, y que una parte considerable presenta polivictimización, es decir, la acumulación de distintos tipos de violencia, un patrón estrechamente vinculado a un mayor daño psicológico y a peores resultados en salud mental.
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