La falta de estabilidad y de rutinas en el entorno familiar durante la infancia se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar problemas de salud mental. Además, incorporar la evaluación de estas experiencias imprevisibles a los instrumentos habituales sobre adversidad infantil podría mejorar la identificación de niños y adolescentes con riesgo de depresión y trastornos del sueño que actualmente pasan desapercibidos.

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