La explotación laboral infantil constituye una de las formas más graves de violencia contra la infancia. Millones de niños y niñas en todo el mundo son privados de su derecho a la educación, al juego, a la salud y a una vida libre de riesgos para ser incorporados a cadenas de producción que generan enormes beneficios económicos. Una realidad que se nutre especialmente de los contextos de pobreza, conflicto o ausencia de protección institucional, donde el trabajo infantil suele coexistir con otras vulneraciones de derechos como la violencia física, psicológica y sexual. En el sector minero, por ejemplo, numerosos informes internacionales alertan desde hace años de las condiciones extremas a las que se enfrentan menores que trabajan en actividades de extracción, especialmente explotaciones artesanales vinculadas a minerales estratégicos para la economía global. 

Noticia completa en: el diario feminista

Share This