La infancia es uno de los momentos más importantes en el desarrollo de una persona. En esta etapa no solo aprenden a relacionarse con otras personas en función de cómo se comporta su entorno familiar, sino que también es su primer contacto con emociones tales como el enfado, la tristeza o la frustración. Por ello, cuando son expuestos a condiciones denigrantes o de maltrato a tan corta edad, su cerebro no es capaz de asimilarlo como lo haría una persona adulta.
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