La evidencia científica vincula el maltrato y la carencia afectiva con un mayor riesgo de trastornos psiquiátricos y de enfermedades médicas.
No es solo una cuestión de «cariño»; es una cuestión de arquitectura cerebral. Desde que, en 1951, el psicoanalista británico John Bowlby publicara, con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sus investigaciones sobre los efectos de la carencia afectiva en la infancia, el apego se ha consolidado como un pilar central en disciplinas como la Puericultura, la Psiquiatría Infantil y la Pedagogía.
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