No hay proclamas políticas, ni fanatismo religioso, ni reivindicaciones territoriales. Quizás por eso aún no ha sido catalogado como terrorismo aunque, a juicio de la Policía, lo es y eso está dificultando mucho la tarea de los investigadores. El único motor que mueve las entrañas de «The Com» es la violencia por la violencia, la deshumanización más absoluta y el cultivo del caos. Lo que comenzó hace un par de años como una subcultura oscura en foros anglosajones se ha convertido hoy en una gigantesca nebulosa cibernética transnacional que tiene en su diana a menores de entre 11 y 20 años. En España, la Comisaría General de Información de la Policía Nacional ya combate la embestida de estos grupos que operan como nodos digitales autónomos y descentralizados, algo que dificulta su descabezamiento.
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