A pesar de ser España un Estado protector de la infancia, no está respondiendo de forma adecuada a la protección de los procesos de transición hacia la vida adulta de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes no acompañados. En nuestro país, estos jóvenes tienen que salir adelante como si fueran personas adultas emancipadas, sin tener la madurez, la experiencia, las habilidades, los recursos económicos, ni la red social de apoyo para hacerlo con las garantías necesarias.
Como Confederación venimos advirtiendo de un flujo cada vez mayor de niños, niñas y jóvenes no acompañados que llegan a nuestros recursos y dispositivos en las diócesis. Las Cáritas alertan que llegan, fundamentalmente, dada la insuficiencia de los recursos que las Administraciones públicas brindan para atender a esta juventud que abandona el sistema de protección al cumplir los 18 años y es entonces cuando se agrava la soledad y el desamparo.
(Extraído del documento).