La infancia actual es la primera generación cuya vida comienza dejando un rastro digital incluso antes de nacer. Ecografías compartidas en redes sociales, fotografías del nacimiento, vídeos de los primeros pasos, celebraciones familiares, vacaciones o logros escolares forman parte de un fenómeno que se ha normalizado hasta el punto de pasar prácticamente desapercibido. Millones de madres, padres y otros familiares publican imágenes e información sobre niños y niñas cada día, muchas veces con la única intención de compartir momentos felices con su entorno.

Esta práctica se conoce como sharenting -un término anglosajón que surge de la unión de las palabras share (compartir) y parenting (crianza)- y plantea importantes interrogantes sobre la privacidad, la protección de datos y los derechos de la infancia.

Internet ha transformado la manera en que las familias documentan el crecimiento de sus hijos. Lo que antes quedaba reservado a álbumes de fotografías familiares ahora puede llegar, en cuestión de segundos, a miles de desconocidos. Además, una vez publicada, la información puede permanecer disponible durante años, ser descargada por terceros, reutilizada con fines comerciales o delictivos, además de alimentar sistemas de inteligencia artificial y algoritmos de perfilado sin que las familias sean plenamente conscientes de ello.

Informar de sus riesgos, generalmente desconocidos o subestimados, es la principal medida para prevenirlos y para fomentar una protección plena de los menores en los entornos digitales.

(Extraído del documento).

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