«Era una niña que no sabía poner palabras a lo que estaba pasando. No sabía que eso podía pasar, pero sabía que era malo y no me gustaba.» Claudia Campillo tenía siete años cuando su abuelo comenzó a abusar de ella. Durante años guardó el secreto, atrapada entre el miedo y la culpabilidad, y sin saber que podía pedir ayuda. Con el paso del tiempo llegaron las taquicardias, la ansiedad y los espasmos musculares. «Mi cuerpo empezó a hablar por mí y expresar esa herida», recuerda.

Según pubilca RTVE, el agresor pertenece a la propia familia en más del 50% de los casos.

Reportaje completo: RTVE 

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