Dejar que te penetren analmente aunque no te guste por no parecer frígida, aprovecharse de que la otra persona ha bebido para tener sexo, hacer una manada sexual contra un compañero del colegio y grabarlo como rito de madurez divertido. Son algunos de los comportamientos reales que se están encontrando los expertos que trabajan con personas menores de edad.

Los casos graves acaban en denuncia o juicio, pero esa cultura (o incultura) sexual –que muchas veces prima el sometimiento como hace el porno de consumo mayoritario– se está imponiendo de manera cotidiana, a tenor de los datos y los relatos de quienes intentan impedirlo. La edad en la que se consume pornografía es 12 años, el 68,2 % la ven de forma frecuente y en la intimidad con un móvil (93,9 %), según un informe de Save the Children del que se hace eco eldiario.es.

Noticia completa: eldiario.es

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