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Bullying y cyberbullying: co-ocurrencia y relaciones predictivas
Infocop, 06/03/2013
El acoso entre escolares (bullying en su expresión inglesa) es un fenómeno de agresión injustificada entre iguales en el contexto escolar caracterizado por su persistencia en el tiempo, intencionalidad de la agresión y desequilibrio de poder entre agresor/es y víctima. Durante más de cuarenta años, la comunidad científica ha estudiado la naturaleza de este problema buscando, además de sus características diferenciales, los factores de riesgo y de protección que sirvan de base para su prevención e intervención paliativa especialmente en el contexto escolar y, más recientemente, familiar. En Europa, la mayoría de las administraciones educativas disponen ya de políticas anti-bullying que, en nuestro país, se han centrado en la mejora de la convivencia escolar y en la sensibilización para la prevención de la violencia.

En los últimos años, las formas que adoptan las relaciones interpersonales juveniles, han incluido de forma muy importante el uso de dispositivos digitales para la comunicación y, muy especialmente, los contactos a través de las redes sociales virtuales. De esta forma, muchos de los problemas relacionales escolares y juveniles han encontrado un escenario virtual que ha ido desplazando algunos casos de bullying a lo que hoy llamamos cyberbullying (ciberacoso). Sin que el fenómeno bullying haya desaparecido, emerge un fenómeno que comparte su esencia de conducta de agresión injustificada e intencionada pero que posee ciertas características propias derivadas del entorno virtual, tales como el anonimato y la enorme audiencia potencial.


Actualmente, aún estamos lejos de tener una definición unánime de qué debe y qué no debe ser considerado cyberbullying ya que la naturaleza de los entornos virtuales podría alterar la consideración de unos u otros criterios. Por ejemplo, un tema controvertido es si el criterio de persistencia, el cual es esencial para considerar que una agresión es bullying, es también necesario en el caso del cyberbullying ya que en los entornos virtuales una única agresión puntual puede convertirse en persistente por seguir estando visible en la web y por la “incontrolabilidad” de la información una vez lanzada. En consecuencia, la caracterización del cyberbullying, como fenómeno propio y diferencial del bullying tradicional, es aún un tema en el que es necesario profundizar.

Con este objetivo, ayudar a clarificar las posibles relaciones entre bullying y cyberbullying, desarrollamos una investigación en la que 274 estudiantes de Educación Secundaria contestaron un cuestionario en dos ocasiones, con tres meses de diferencia entre ambas recogidas de datos. Concretamente, se pretendía analizar en qué medida la implicación en bullying tradicional (victimización y/o agresión) y en cyberbullying (cybervictimización y cyberagresión) podían ser factores de riesgo para la permanencia en ese mismo rol y/o la implicación en otros roles diferentes a lo largo del tiempo.

Los resultados muestran un importante solapamiento entre los fenómenos bullying y cyberbullying, evidenciando cierta coherencia entre las vidas on y off line de las y los escolares. Además, en línea con estudios previos, la implicación en cada uno de los roles de ambos fenómenos, parece tener cierta estabilidad a lo largo del tiempo, al menos a corto plazo.
 
No obstante, merece la pena destacar ciertas diferencias claras entre roles. Así, mientras que la victimización en bullying tradicional ayuda a predecir no sólo el mantenimiento en el mismo fenómeno meses después, sino también la posterior implicación como agresor, cybervíctima e incluso como cyberagresor; la agresión se asocia de forma inversa con el resto de roles. Es decir, los agresores muestran una menor probabilidad de devenir en víctimas, cybervíctimas o cyberagresores, aunque mayor probabilidad de mantener su rol. Por otra parte, la implicación como cybervíctima o como cyberagresor no mostró asociación con la implicación posterior ni en un rol distinto de cyberbullying, ni en bullying tradicional. Por tanto, mientras que la victimización en bullying tradicional parece generalizarse a formas distintas de acoso utilizando las nuevas tecnologías, y a roles distintos, no ocurre lo mismo en el caso contrario. Es decir, la implicación en cyberbullying no se extiende, generalmente, a bullying tradicional. Estos resultados contradicen la idea de autores como Tokunaga (2010) que mantienen que los agresores de bullying tradicional utilizarían los entornos virtuales para maximizar el daño.
 

De estos resultados se derivan importantes implicaciones educativas. Así, dado que haber sido agresor o víctima de bullying tradicional ayuda a predecir la implicación posterior tanto en bullying como en cyberbullying, la prevención del bullying tradicional supone, por sí misma, una fuente de prevención del cyberbullying, sin que ello implique obviar la importancia de incluir acciones concretas sobre relaciones interpersonales en los entornos virtuales (Ortega-Ruiz, Del Rey y Casas, 2012). Por otra parte, la importancia de la victimización como factor de riesgo, unido al éxito obtenido a través de intervenciones psicoeducativas, en la disminución de ésta (Ttofi y Farrington, 2012), resulta alentador de cara a planificar intervenciones dirigidas a prevenir y disminuir este tipo de problemas.

El artículo completo puede encontrarse en la Revista Psicothema: Del Rey, R.; Elipe, P. y Ortega-Ruiz, R. (2012). Bullying and ciberbullying: Overlapping and predictive value of the co-ocurrence. Psicothema, vol. 24, 608-613. (enlace)

 



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