“Nadie dió la cara por mi. Eso es lo que te hunde”. Que tus compañeros no digan nada, que no hagan nada o que se rían mientras que alguien te insulta, o te intenta quemar el pelo con un mechero, o postea en Twitter que en el recreo va a haber ‘sangre'”.
 
Rebecca Parkin, una estudiante galesa de 17 años, ha sido blanco del acoso escolar desde los 6. Soy muy tímida e incluso decir ‘hola’ me cuesta. Por eso se metían conmigo. Lo pasó tan mal que llegó a autolesionarse, dejó de ir a clase y necesitó ayuda psiquiátrica. Las cosas solo empezaron a cambiar cuando reuní el valor para contar lo que me estaba pasando.
 
Su ejemplo ilustra la indefensión que sufren las víctimas del acoso escolar. Una indefensión que es una mezcla de impotencia, terror y soledad; la soledad tremenda de un niño que está rodeado de otros niños que se inhiben ante las crueldades del matón de turno o, peor aún, las celebran; no por falta de empatía, sino porque no saben cómo reaccionar. Lo más frustrante del acoso escolar es que el 88 por ciento de las veces ocurre delante de un público que ríe o que calla; cómplice por activa o por pasiva. Movilizar a esos testigos y convertirlos en defensores de la víctima no es fácil, pero es la clave del método KiVa, que ha hecho disminuir drásticamente el acoso en Finlandia y que ya ha comenzado a implantarse en una decena de países.
 
“Los acosadores suelen ser populares. Y poderosos” , explica la psicóloga Christina Salmivalli, de la Universidad finlandesa de Turku, creadora del programa. Normalmente, para que un alumno dé un paso al frente y apoye a la víctima hay que tener un cierto estatus. Prestigio, convicciones morales… Un 17 por ciento es capaz de hacerlo por propia iniciativa. ¿Pero qué pasa con el resto? La originalidad de KiVa radica en que no convierte en héroes a los que no tienen madera de tales, sino que les proporciona herramientas para solidarizarse con el compañero acosado sin tener que recurrir al valor. Y para informar del problema sin convertirse en chivatos. Es toda la clase, y en última instancia la escuela entera, la que se involucra.
 
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