Cuando los violadores viven en tu propia casa.
El País - Noticias , 07/10/2019  
 
Una clase para frenar la epidemia de agresiones sexuales a menores. 
 
A Maríah —nombre ficticio— le gusta el pollo frito. Dice que es su plato favorito y que no siempre puede comerlo. A sus 23 años sueña con convertirse en médica, aunque las matemáticas no se le dan nada bien y eso, se teme, puede lastrarla en el futuro. Aunque antes, comenta, y su comentario suena a disculpa, necesita terminar el colegio; pese a su edad, todavía le quedan un par de años. No ha sido por perezosa o por falta de capacidad. Simplemente, repite, su vida no ha sido una vida fácil. Para contarla, Mariah, de pelo corto y tan rizado que lo hace parecer más corto, nariz respingona, piel negra y los gestos vivos y alegres propios de su juventud, ha elegido un ceñido y vistoso vestido morado, un elegante traje de domingo. 
 
Una de cada tres menores, víctima de abusos
“Sin duda alguna, los abusos sexuales son el mayor de los problemas de los menores de edad en Esuatini. Es un desafío alarmante porque, además, éstos suelen provenir de las personas en las que las niñas más confían: sus padres, sus familiares más cercanos, sus amigos…”, afirma Tenele Mkhabela, directora de Género y Abogacía de la ONG Sos Children’s Village en Esuatini. “Vivimos en una sociedad demasiado patriarcal donde los hombres piensan que les pertenece todo, hasta las niñas y las mujeres. No hay ningún tipo de respeto hacia nosotras”, explica. 
 
 
 
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